A 18 años de su fallecimiento, la Secretaría de Cultura recuerda al escritor, humorista gráfico y uno de los autores más entrañables de la literatura argentina.
«La muerte nivela a güenos y malos, don Inodoro, lo malo es que nivela pa’ bajo», predijo en sus historietas Roberto «El Negro» Fontanarrosa. Nacido el 26 de noviembre de 1944 en Rosario, provincia de Santa Fe, heredó de sus padres Roberto Fontanarrosa Voelklein y Rosa Lac Prugent, ambos basquetbolistas, la pasión por el deporte. Un legado que traspasó varias generaciones: «Mi papá era un tipo muy de club, cuando dejó de jugar hizo el curso de director técnico, fue entrenador de varios equipos de básquet de Rosario, vistió la camiseta argentina», recordó su madre alguna vez.
Fontanarrosa fue uno de los creadores más queridos y representativos de la cultura popular argentina. Escritor, humorista gráfico, guionista y amante del fútbol, su obra dejó una marca imborrable en el imaginario nacional. Desde muy joven, el «Negro» encontró en el dibujo y las palabras una forma de retratar las contradicciones de la vida cotidiana. En 1968 publicó su primer chiste gráfico en el número uno de la revista Boom de Rosario. Dos años después creó a Boogie el Aceitoso, una parodia del agente secreto James Bond. Algunos de aquellos capítulos se publicaron en la revista Tinta. «Sé que Boogie me despreciaría mucho, por sudamericano de un país periférico. No entraría dentro de sus amistades», dijo una vez el propio Fontanarrosa sobre su personaje.

Junto con sus colegas Caloi, Ian y Lolo Amengual colaboró en las revistas Hortensia y Satiricón, y creó al famosísimo gaucho Inodoro Pereyra y a su perro parlante Mendieta. A través de estos y otros tantos personajes, el dibujante narró historias que fueron cristalizando la figura gauchesca y la idiosincrasia de la pampa argentina. Luego, con la fundación de la revista Mengano, comenzó a trabajar allí y, a partir de 1976, Inodoro Pereyra se publicó en el diario Clarín.
Además de su carrera de dibujante y humorista, en 1981 publicó su primera novela, Best Seller, considerada por muchos como un clásico de la literatura de humor. Con una capacidad única para combinar humor y reflexión, Fontanarrosa también incursionó en la narrativa con cuentos inolvidables que hoy integran el canon afectivo y literario de nuestro país: El mundo ha vivido equivocado, No sé si he sido claro y La mesa de los galanes son algunos de los títulos que publicó.

Hincha fanático de Rosario Central, el fútbol fue en su vida un territorio sagrado y también una fuente inagotable de inspiración literaria. Su visión del deporte más popular del país trascendió la cancha, convirtiéndose en metáfora de lo humano, lo trágico y lo cómico, que plasmó en las crónicas de No te vayas campeón y en la recopilación de cuentos Puro fútbol, por mencionar algunos de sus trabajos memorables relacionados con esta temática.
“Asocio al fútbol con la amistad. Siempre me reúno con un grupo de amigos para jugar, ir a la cancha o ver partidos por televisión”, dijo en alguna oportunidad, al tiempo que reconoció su contribución a la memoria: “A mí el fútbol me sirve para acordarme de fechas. Porque soy un desastre para eso. Por ejemplo, se que mi Viejo murió en el ’71, pero no sé en qué día, o en qué mes. Entonces me guío por los Mundiales”.

Fontanarrosa siguió escribiendo aún luego de ser diagnosticado con ELA (esclerosis lateral amiotrófica). Su testimonio de vida, su lucidez y su calidez lo convirtieron en una figura muy querida. En 2004 participó en el III Congreso Internacional de la Lengua Española, donde desarrolló su exposición sobre las malas palabras. Allí señaló: “La pregunta que ahora me hago es por qué son malas las malas palabras. O sea, quién las define. Por qué, qué actitud tienen las malas palabras. ¿Le pegan a las otras palabras?».
El 26 de abril de 2006, el Senado de la Nación le entregó la Mención de Honor Domingo Faustino Sarmiento, en reconocimiento a su vasta trayectoria y aportes a la cultura argentina y ese mismo año recibió en la Feria Internacional del Libro en Guadalajara (México) el premio «La Catrina», reconocimiento que cada año se entrega en el Encuentro Internacional de Caricatura e Historieta. También recibió el Premio Konex de Platino en 1994 y el Diploma al Mérito en 1992, 2004 y 2012 (este último in memoriam). En 2014, por ordenanza del Concejo Municipal de Rosario, su casa natal fue declarada esquina “Roberto Fontanarrosa” .

En enero de 2007, meses antes de morir, el «Negro» anunció que ya no dibujaría más porque había perdido el control completo de su mano derecha. Falleció el 19 de julio de 2007 en Rosario, a los 62 años. Su despedida fue multitudinaria: la ciudad se paralizó para rendirle homenaje, y su velatorio, en el Centro Cultural Bernardino Rivadavia que cinco años después fue bautizado como Centro Cultural Roberto Fontanarrosa en su honor, reunió a miles de personas que lo fueron a despedir.
argentina.gob.ar